Cuando contemplamos las redadas de inmigrantes y ciudadanos en los distintos estados de USA, con la creación ad hoc de ese ejército paramilitar, el ICE, similar a los camisas pardas (SA) de la Alemania nazi, pienso inevitablemente en una frase de Joan-Carles Mèlich (2016): “En el fundamento de todo totalitarismo habita la negación de la diferencia” (p. 37, en “La prosa de la vida”).
Ser humano supone, inexcusablemente, vivir la alteridad, la diferencia, la presencia del Otro, la aceptación de lo extraño, en síntesis, asumir nuestra finita condición que solo adquiere sentido en la mirada de los demás, en el abrazo, en la caricia que Enmanuel Levinas proponía. La mano del Otro que nos ampara y acompaña, escucha el dolor y el sufrimiento, y no niega a nadie el derecho a ser llorado, el derecho a la compasión.
Vaya nuestra solidaridad con todas las personas que son perseguidas por la crueldad inherente a la ideología totalitaria que la alimenta.
(Renee Nicole Good, DEP)
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