LAS EMOCIONES DEL PROFESIONAL EN PSICOTERAPIA
En el capítulo que preparé para el libro “Nuestra familia de origen”, recientemente publicado, insistí en la necesidad de incorporar las propias emociones del profesional en los procesos de intervención en psicoterapia:“Podemos aclarar que aquello que aparece en el terapeuta durante las sesiones, siempre va a ser el resultado de una confluencia entre las emociones e imágenes del sistema-paciente (individuo, grupo, pareja o familia) y las emociones e imágenes de la historia personal del profesional. Esto puede ser un handicap si el profesional no consigue activar y mantener una posición reflexiva en la intervención que le posibilite analizar cuánto de lo que piensa y siente es respuesta a las necesidades de, por ejemplo, la familia y cuánto no nos va a ser de utilidad por responder más a las propias necesidades y deseos del terapeuta. Este dilema es el producto de una paradoja natural: aquello que atrae mi atención y emoción, presenta concordancias y conexiones con mi propia historia; lo que nos permite, de una parte, obtener una mayor información emocional y relacional de ese proceso concreto y de sus resultados, y, de otra, poder llevarnos a tropezar o enredarnos, justamente por haber estado afectado y sumergido por esa misma situación relacional en la propia familia de origen“ (p. 48).(De Pablo (2026) “La figura del terapeuta y sus emociones: patrones relacionales, triangulaciones y roles”. En Casas, C. (Coord) (2026). Nuestra familia de origen. Danzando entre terapeutas. Ed. Morata)