Cuando escucho los debates sobre inmigración en nuestro país o la implementación de medidas antiinmigración como, por ejemplo, las que está tomando actualmente la administración Trump, me lleva a reflexionar sobre cuál es la concepción del extraño, del extranjero que sostenemos en la actualidad y el contraste con la concepción existente en nuestra herencia mítica. La herencia mítica en los textos homéricos, por ejemplo, nos alienta a la hospitalidad y al cuidado. Hay un hermoso párrafo de Higinio Marín (2008) titulado “El cuidado y la fundación de Europa” que dice:
“Hostilidad y hospitalidad son los polos entre los que se mueven nuestras relaciones con los desconocidos, los dos extremos a los que nos enfrentan los extraños que se nos presentan como seres necesitados. Es en la hospitalidad, donde los sujetos se expresan y realizan como humanos, al menos como humanos, según la versión que inauguran estos textos homéricos, y a la que, con razón, tomamos por la primera en la genealogía europea. Es en la hospitalidad, donde los hombres dejan ver que cuidan de su tierra y de sí mismos de los dioses y de los desconocidos” (p. 39-40, en Anrubia (2008). “La fragilidad de los hombres. La enfermedad, la filosofía y la muerte”).
Lo que nos hace humanos tiene que ver con el cuidado del otro, de la tierra y de los dioses, culto, cultura y cultivo, raíces comunes del hecho de ser seres humanos, frágiles y desamparados. La hostilidad que nos adorna últimamente es muestra del olvido de nuestra condición, olvido que nos enferma y pervierte nuestra mirada.
(Imagen: “El extranjero de Camus”, de Maldomado)
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