En la recensión que Hans Sotelo publicó en la revista Mosaico, sobre mi libro “Ética del reconocimiento emocional en psicoterapia: Reflexión, desobediencia y transgresión” (2025), destaca que la propuesta de una psicoterapia ética:
“Nos anima a reflexionar sobre el objetivo de la terapia como proceso que favorezca la emancipación y la libertad, contra la visión de la terapia como proceso de adaptación, porque la asimilación acrítica del marco social (familia, grupo, pareja, sociedad) favorece la adherencia ciega y no facilita la cohesión social. Este proceso de emancipación lo construye a partir de tres elementos: la reflexión crítica sobre las imposiciones, la desobediencia ante los mandatos inadecuados y la transgresión para alcanzar posiciones de libertad crítica. (…) El espacio terapéutico debe constituirse como una “base segura” donde poder tomar las distancias suficientes de nuestros marcos de referencia habituales para así poder realizar un proceso reflexivo y crítico donde sea posible “pensar lo impensable, decir lo indecible, y practicar lo impracticable”. La desobediencia (muy básicamente resumida) implica aprender a decir “no” ante las situaciones injustas que nos oprimen y ahogan que nos someten a unas “reglas de decencia” impuestas que impiden un desarrollo saludable y que inhiben la expresión saludable de las emociones, de las necesidades insatisfechas y de los deseos personales. Si se desobedece, el sistema reacciona habitualmente con movimientos homeostáticos represivos y provoca en los sujetos intensos sentimientos de culpa. El paciente debe conseguir decidir libremente por sí mismo, a favor de sí mismo, en los dilemas a los que se verá sometido y tiene que aceptar las pérdidas significativas (identitarias, relacionales y, por qué no, también materiales) que pueda sufrir. El autor define lo auténticamente “transgresor” como el mantenimiento de una posición personal auténtica, elaborada y madura, basada en las propias emociones y pensamientos a pesar de las posibles amenazas y castigos. El terapeuta debe estar disponible para acompañarle en este proceso dónde la libertad y la salud van de la mano de renuncias dolorosas. En resumen, la terapia debería permitir el desarrollo de una conciencia personal que pueda combatir los peligros de los mandatos de la “gramática social” (p. 186, Sotelo, 2026).
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