Ayer mismo volví a hablar, en un seminario que impartía, de las diferencias entre Edipo y Telémaco en la relación con la figura del padre. Insisto en la presencia, dentro de cada hombre, de ambas visiones en la relación con lo paterno. Coexisten, de una parte, la lucha y la competitividad contra el padre que ejemplifica Edipo y, de otra parte, la añoranza del encuentro y del abrazo con el padre que representa Telémaco. Esta coexistencia es importante a efectos psicoterapéuticos porque permite integrar las dos caras de la moneda, aceptando la ambivalencia que comporta.
Hoy, por casualidad, me encuentro con un bello poema de Joseph Brodsky, “Ulises a Telémaco”, que refleja en sus versos finales parte de lo que suelo contar:
“(…) mi querido Telémaco
Has de crecer en edad y en vigor.
Sólo los dioses saben si algún día
volveremos a vernos. Ya no eres aquel niño
que me vio contener los bueyes en su empuje.
La argucia de Palamedes impidió que viviéramos juntos,
pero tal vez sea mejor así: en mi ausencia
libre quedas, Telémaco, de pasiones edípicas
y sueñas sueños impecables".
Añadir comentario
Comentarios