La pérdida del padre, del maestro, del mentor, produce efectos importantes, me interesa especialmente la propuesta de Massimo Recalcati (2022) que, en su excelente ensayo “La luz de las estrellas muertas”, afirma:
“Ante la muerte de un maestro -como ante la de un padre a quien hemos amado- el sentimiento que prevalece en nosotros es el de quedar indefensos. No se trata solo, por lo tanto, de la muerte de una persona a la que queríamos y a la que debemos mucho, sino de la muerte de la propia idea de que pueda haber una defensa contra la contingencia absoluta de la vida y del poder de la muerte. ¿No es eso acaso un padre ante los ojos de un hijo? Un escudo, un amparo, un refugio frente al dolor y al destino fatalmente mortal de nuestra existencia. Por lo tanto, su desaparición no solo nos priva de la presencia de alguien a quien hemos amado, sino que nos expone a una ausencia que, en realidad, siempre ha estado ahí. La muerte de un padre saca a flote la realidad en bruto de la existencia, en la que no hay amparo ni justificación posibles, irremediablemente expuesta a la inestabilidad de la vida y a la inexorable guadaña de la muerte” (p. 123-124).
Añadir comentario
Comentarios