Me ha fascinado la lectura que Adam Phillips hace de la exclusión como base para la construcción identitaria. Utiliza para ello, la expulsión de Adán y Eva del paraíso, el personaje de Hamlet en la tragedia de Shakespeare y el de Satanás en “El paraíso perdido” de Milton.
La tesis planteada defiende que la experiencia de exclusión es la que origina la necesidad de definirnos. Originalmente plantea dos opciones: la de Hamlet, sumido en la incertidumbre de no saber quién es; y la de Satanás, enfadado y vengativo por el exilio del “paraíso perdido”.
Dice Phillips (2024):
“Todo depende de aquello de lo que te niegas a quedar excluido, y del porqué; o -puesto que ya has quedado fuera- todo depende de lo que hagas con esa exclusión y de lo que hagas a partir de ella. La cuestión es cómo interpretas tu condición de excluido y exilio, y Hamlet y Satanás están interpretando constantemente. La exclusión, como nos muestran tanto Hamlet, como El paraíso perdido (concretamente en el personaje de Satanás), es el medio que permite al autorreconocimiento. Una identidad es lo que te queda, lo que logras formular después de haber quedado fuera: es una forma de autocuración frente a la alienación. Desear, pensar, cuestionar e imaginar son cosas que hacemos tras la catástrofe de la exclusión. Es el shock lo que nos empuja a formas necesarias de autodefinición. Tratamos de hacernos reconocibles para nosotros mismos, y para los demás, como si el fundamento de lo que llamamos identidad fuera no tener una“ (p. 126-127).
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