DE LAS ALEGRÍAS Y LAS HERIDAS FUNDAMENTALES

Publicado el 11 de octubre de 2026, 14:51

Decía Alejandra Pizarnik: «Entre otras cosas, escribo para que no suceda lo que temo; para que lo que me hiere no sea; para alejar al Malo (…). Se ha dicho que el poeta es el gran terapeuta. En este sentido, el quehacer poético implicaría exorcizar, conjurar y, además, reparar. Escribir un poema es reparar la herida fundamental, la desgarradura. Porque todos estamos heridos”.
A las palabras de la poeta argentina podemos hacerle acotaciones porque hay muchas otras cosas que sirven para exorcizar y conjurar nuestra herida fundamental, la “herida infinita” que diría Esquirol. Aprovecho un precioso texto de Mario Benedetti para poner cálido sentido a esta foto acuarelada con mi nieto de este fin de semana:
“El goce siempre supo tratar a la tristeza
meterse en ella / desguazarla
aprovechar lo mejorcito de su pena
y hasta robarle lágrimas porque después de todo
la gente también llora de alegría
el goce siempre supo que la tristeza era
sólo una favela del corazón /
que hay quienes se suicidan por exceso de euforia
y que aun los más tristes de los tristes
no renuncian a sus planes de júbilo
por su parte la tristeza ha aprendido
que la alegría tiene patas cortas
que es posible enfriar sus arrebatos
deslizarle serpientes en mitad de su sueño
o cambiarle seguro por quizá (…)”.

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