EL CUERPO Y LAS HUELLAS DE LOS AUSENTES
Cuando jugamos a la invulnerabilidad y a la presencia de un Yo soberano y soberbio, olvidamos que en nosotros, en nuestro cuerpo, están muy presentes las huellas de los/as ausentes, las huellas de las historias que nos precedieron. Dice Joan-Carles Mèlich (2025) en "El escenario de la existencia":
"El cuerpo procede de otros cuerpos y, por eso, en él hay huellas de ausentes y de ausencias. Dicho más claramente: “somos más viejos que nosotros mismos”. Eso significa que el cuerpo procede de algo anterior y que está lleno de huellas, de marcas, de traumas que remiten a un antes, a una anterioridad. (...) No hay cuerpos sin ficciones que lo preceden y lo forman” (p. 201-202).
Tras los accidentes ferroviarios de Adamuz, contemplando y escuchando los relatos del siniestro, nos hacemos conscientes de la presencia perturbadora de la muerte, de su azar y de nuestro imposible control.
Nuestro deseo de que los que se fueron nos sigan iluminando, como la hace "la luz de las estrellas muertas", que menciona Massimo Recalcati (2022), impregnando nuestro futuro con la luz de sus ausencias.
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