Cuesta, muchas veces, transmitir la importancia de la reflexión sobre nuestra existencia, como seres humanos, en el trabajo terapéutico. Se nos reclaman la enseñanza de técnicas de intervención y se olvidan los aspectos más medulares del encuentro curativo que deben estar presentes en cualquier psicoterapia. Aprendemos de Mèlich (2016) cuando nos dice en su libro “La prosa de la vida”:
“Desde el inicio somos seres necesitados de acogida. Somos frágiles porque en cualquier momento podemos deshacernos, podemos rompernos. Nunca es posible superar el estadio de dependencia porque vivir es depender de los demás.
No podemos existir solos. El yo no es ni soberano ni autónomo. Es vulnerable” (p. 20).
Y continúa más adelante:
“Sanar no es curar. Curar es ocuparse del otro, atenderlo, situarse a una distancia adecuada. Una distancia que nunca ningún protocolo ni ningún código deontológico podrán prescribir, una distancia que no puede ser medida ni prevista. Una distancia improvisada, que depende del que está delante, o al lado, del que tiene nombre propio, del que no puede ser categorizado” (p. 108).
Añadir comentario
Comentarios