SOBRE LA NOSTALGIA

Publicado el 10 de marzo de 2026, 20:41

En el transcurrir de nuestras vidas, sufrimos continuas pérdidas, pérdidas que se multiplican cuando llegamos a la vejez. Se fueron nuestros padres, desaparecieron algunos amigos de la adolescencia y de la juventud, ya sea por la inhóspita visita de la muerte o porque transitaron por senderos muy alejados del nuestro. A la par, recibimos buenas nuevas, hijos que crecen, nietos que dibujan nuevas sonrisas, nuevos paisajes y proyectos.
A veces, suenan ecos de una música antigua y familiar (me pasa con Beatles o Pink Floid), regresan olores de la niñez (el albero mojado), sabores perdidos y olvidados que nos paralizan, atónitos, con un retorno inesperado e instantáneo al pasado, leve y fugaz. Pero como dice Massimo Recalcati, en su libro “La luz de las estrellas muertas”, somos: “Viajeros con billetes exclusivamente de ida, significa que nuestro billete no prevé ningún regreso a casa. Condición permanente de exilio, así pues, precisamente, porque, en realidad, no hay lugar al que volver. No lo es el origen, ni la patria, ni nuestra madre. La etimología de la palabra “nostalgia” proviene, en efecto, del griego nóstos (regreso) y álgos (dolor, sufrimiento): es la imposibilidad del regreso, lo que determina el dolor para el que el regreso pretende ser el remedio” (p. 95).
(Imagen: “Sol de la mañana” de Edward Hopper)

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