Tras mi último post sobre la nostalgia quise recuperar unos párrafos del tomo I de mi libro “Rastros y huellas en las fronteras de la psicoterapia sistémica” donde señalo un dilema natural del ser humano:
“La especie humana, en su proceso de diferenciación y crecimiento, se enfrenta a un continuo dilema entre dos emociones complejas. La «nostalgia de la tierra» (según la expresión de Recalcati tomada de Nietzsche) y, manteniendo la metáfora, el «anhelo del mar», expresión que propongo como contraparte, que tiene el mismo calado y profundidad sentida que la nostalgia. (…) La “nostalgia de la tierra» surge ante el vértigo que se experimenta en la vivencia de la libertad, ante el miedo a esa libertad y lo que ello conlleva, hablamos de una vivencia esencialmente agorafóbica. Presenta tres alternativas: la primera, saludable y sensata, que implica extrañar el vínculo, la conexión, la seguridad y la calidez del nido. La segunda, patológica, que busca simplemente la regresión, la indiferenciación, el retorno al útero materno, la vida regalada sin responsabilidad, la seguridad de la autoconservación. La tercera, también patógena, que sería el retorno a la «sombra de Dios». Me explico, tras la muerte de Dios, la también llamada evaporación del padre, se pretende regresar a la seguridad que otorga un padre fuerte y duro, a la obediencia acrítica, al hijo sujeto al padre-patrón, a la bandera, al fundamentalismo y el fanatismo; a la ideología como coraza que evita la angustia nacida ante la posibilidad de elección, ante el riesgo de asumir responsabilidades. La ideología religiosa, política o filosófica, o el cientifismo como superstición que anula la libertad del hombre” (p. 287-288, De Pablo, 2023). En el próximo post hablaré del “anhelo del mar”.
(Imagen: Acuarela “Mar en calma” de Blanca Álvarez)
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