UNA PARADOJA INTERESANTE: “VIVIMOS SIEMPRE EN DESPEDIDA”

Publicado el 6 de abril de 2026, 15:44

La imagen “religiosa” de Trump con sus correligionarios en actitud concentrada me hace recordar las palabras de Mèlich cuando afirmaba que la crueldad no surge en ausencia de la moral, sino en su seno. Más aún cuando todo este circo mediático, donde el narcisismo funciona como eje central, está contaminado de postverdades y de desinformación manipuladora. ¿Para qué todo este empeño ciego? Parece que olvidamos nuestra existencia contingente y nuestra condición finita.
Mèlich (2026) en “Ética de la compasión” nos recuerda que: “nuestra vida es breve y de que vamos a morir, de que no controlamos las condiciones que nos depara la existencia, de que somos más el resultado de nuestras pasiones que de nuestras acciones, de que llegamos demasiado tarde y de que nos iremos demasiado pronto, de que, como advierte Rilke en la octava de las “Elegías de Duino”, “vivimos siempre en despedida”. Por eso no tenemos más remedio que configurar “espacios de protección”, frágiles “ámbitos de inmunidad”, frente a la irrupción amenazante de lo contingente y de lo imprevisible. Por nuestra condición, finita y vulnerable, nos pasamos la vida anhelando, refugio físico y simbólico. Somos seres necesitados de consuelo que andamos a la búsqueda de “cavernas” porque no podemos sobrevivir, si no es resguardándonos, aunque sea de forma frágil, de las trampas que nos tiende el mundo” (p. 36).

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