He escrito mucho sobre la importancia de la “herida” en nuestra conciencia existencial como seres humanos y en nuestro desarrollo emocional y social, al punto de que estoy profundizando, durante el último año, en la idea de escribir una apología de la “herida” y de la “cicatriz”, aplicado al ámbito de la psicoterapia.
Leyendo a Gruía (2015) en su libro “La cicatriz en la literatura europea contemporánea”, me encuentro con este certero párrafo:
“Tomar conciencia del hecho de que lo que compartimos con los demás es la posibilidad de la herida y, por ende, la vulnerabilidad, debería llevarnos a reivindicar esta identidad cicatricial y vulnerable y su potencial de cuidado hacia el otro” (p. 11).
(Imagen: obra de David Catá)
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