LA BÚSQUEDA DEL PADRE AUSENTE

Publicado el 12 de abril de 2026, 17:57

Me impresiona el inicio de la novela “Pedro Páramo” (1953) del escritor mexicano Juan Rulfo. Es un comienzo hipnótico que dice así:
“Vine a Comala, porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera. Le apreté sus manos en señal de que lo haría; pues ella estaba por morirse y yo en un plan de prometerlo todo. “No dejes de ir a visitarlo -me recomendó-. Se llama de este modo y de este otro. Estoy segura de que le dará gusto conocerte“. Entonces no pude hacer otra cosa sino decirle que así lo haría y de tanto decírselo se lo seguí diciendo aún después que a mis manos les costó trabajo zafarse de sus manos muertas.
Todavía antes me había dicho:
-No vayas a pedirle nada. Exígele lo nuestro. Lo que estuvo obligado a darme y nunca me dió… El olvido en que nos tuvo, mi hijo, cóbraselo caro.
-Así lo haré madre.
Pero no pensé cumplir mi promesa. Hasta ahora pronto que comencé a llenarme de sueños, a darle vuelo a las ilusiones. Y de este modo se me fue formando un mundo alrededor de la esperanza que era aquel señor llamado Pedro Páramo, el marido de mi madre. Por eso vine a Comala” (p. 7).
Y un poco más adelante, pregunta por él a otro personaje, Abundio, que le responde:
“-Yo también soy hijo de Pedro Páramo-me dijo. (…)
-¿Conoce usted a Pedro Páramo? -le pregunté.
Me atreví a hacerlo porque vi en sus ojos una gota de confianza.
-¿Quién es? -volví a preguntar.
-Un rencor vivo -me contestó él” (p. 9).
Al final se llega a decir en la novela: “todos somos hijos de Pedro Páramo”, la constatación de una orfandad colectiva que sigue buscando entre los fantasmas al padre perdido.

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