El otro día atendíamos a un niño con su familia, el chico respondía al conflicto familiar con el grito angustiado, tirado en el suelo, llorando y babeando. Me hizo recordar las palabras de Recalcati (2021), en “El grito de Job”, cuando afirma que “el grito es el modo más extremo de la pregunta”, en sus palabras dice así:
“El grito es el modo más extremo de la pregunta. No se articula en las palabras, no responde a las leyes del lenguaje, no es adoptado por ningún significante. Sale del cuerpo como otro cuerpo. Es un desgarro, una lesión, una mera voz. La del niño indefenso, en primer lugar. El grito acompaña al nacimiento y las primeras turbulentas percepciones de la vida. Ante la situación de pasividad extrema y desaliento a la que se ve arrojado el niño, el grito se presenta como una primera súplica, que se dirige en la vida al Otro. Es lo mismo que se repite en quienes se hayan expuestos a un peligro o una situación de abandono. Es lo mismo que nace del sufrimiento que corroe, desde la raíz, la vida humana” (p. 11).
(Imagen por IA)
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