Releyendo los textos clásicos me interesé por el sacrificio del hijo, a partir del sacrificio que se ve obligado a realizar Agamenón, de su hija Ifigenia, para que su flota pueda avanzar en dirección a Troya, y del sacrificio bíblico que Jacob se ve empujado a cumplir con su hijo Isaac, en los que se repite, según algunas versiones, la misma solución; Artemisa en el primer caso, o Dios en el segundo, actúan frenando el sacrificio en el último momento.
Se han interpretado estos relatos de diferentes formas, desde considerarlos como pruebas máximas de fe o fidelidad, hasta contemplarlos desde la importancia del cumplimiento con las leyes divinas para obtener un buen gobierno. Por último, en el Nuevo Testamento se nos vuelve a presentar el sacrificio del hijo en la figura de Jesucristo aunque, en este caso, recalcando especialmente el valor del padre dispuesto a sacrificar al hijo como una forma de modelar un proceso de muerte-resurrección que otorgara esperanza a la humanidad.
Retomando otros textos míticos, donde el filicidio está presente por motivos menos “nobles” (Cronos, Layo con Edipo, Herodes…), me da que pensar en todo el proceso de justificación y de encubrimiento que se ha incorporado progresivamente en la narrativa mítica del sacrificio del hijo. La respuesta del padre es el silencio y la ausencia.
En mi opinión, es del sacrificio del padre del que hay que hablar. No se menciona nunca en todos estos relatos míticos, la necesidad de destacar que, fuera de una ideología heteropatriarcal, es el sacrificio del padre al que hay que dedicar espacio. Me refiero concretamente a la necesidad de renuncia y de desprendimiento que el padre debe acometer para permitir que el hijo asuma su posición en el mundo, adopte sus propias decisiones -que no siempre compartiremos- y se haga cargo de su propia voz. El padre necesita aceptar que va a quedar postergado, requiere asumir su declive y apostar por el surgimiento de la sangre nueva. No en vano el oráculo siempre nos recordará que llegará “uno que ocupará nuestro lugar”. Es una tarea compleja y angustiosa pero imprescindible.
(Me ha costado la misma vida encontrar imágenes artísticas que nos muestren el sacrificio del padre, tuve que recurrir a la IA)
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