“Este aspecto del héroe cansado que regresa, del héroe que ya no pretende la gloria ni la inmortalidad, que solo desea retornar a su tierra y a su familia, ha sido transformado y, ahora, presenta determinadas particularidades diferentes. Ya no es un adolescente colérico y competitivo, ahora es un hombre que ha contemplado el dolor y el sufrimiento, que ha sido herido y que trasciende para convertirse en un hombre maduro, con intereses distintos. Una de sus características esenciales es la renuncia, por ejemplo, ante Calipso, cuando al partir le dice: «Venerable diosa, no te enfades conmigo, que sé muy bien cuánto te es inferior la discreta Penélope en figura y en estatura al verla de frente, pues ella es mortal y tú inmortal sin vejez. Pero aun así quiero y deseo todos los días marcharme a mi casa y ver el día del regreso (…)».
Renuncia al canto de las sirenas, desciende a los infiernos y consigue atravesar el estrecho entre Caribdis y Escila. Ese sendero del héroe cansado aparece con un tinte depresivo, causado por el abandono de la gloria y de la exaltación narcisista, aspectos motivadores en estadio anterior; y por la consciencia de la muerte y del declive físico. Por otra parte, todo el énfasis está en el regreso a Ítaca con su mujer y su hijo, y toda la obra se centra en los impedimentos continuos para cumplir su objetivo.
Tras todo el periplo del regreso, llega solo. Ha perdido todo lo que traía, sus hombres, su nave, sus pertenencias. Aparece vestido como un mendigo. Este proceso de pérdidas, de desnudez, está relacionado con el abandono de la posición heroica, del brillo y del narcisismo inherente al héroe adolescente. Por todo esto, el recorrido de Ulises en “La Odisea” representa el progresivo proceso de humanización y de corporalidad contingente del ser humano. Ya no hay dioses, no hay inmortalidad, no hay invulnerabilidad, solo resta su fragilidad y la conciencia de muerte.
De ahí que, en mis propuestas psicoterapéuticas, incida continuamente en la idea de que el héroe adolescente que existe en cada varón debe transitar la herida como condición necesaria para su crecimiento y desarrollo emocional. Es la herida la que permite al hombre una toma de conciencia y una vivencia más real y cercana a su esencia biológica como especie animal. Desde esa conciencia y experiencia, el hombre empieza a estar disponible para desempeñar la paternidad y el cuidado de los otros” (p. 15-16, De Pablo, 2025 en “Construcción de la masculinidad y la paternidad en el ciclo mítico del héroe”).
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